En consulta escucho con mucha frecuencia frases como:
“compro todo bajo en grasa”,
“no compro nada que lleve azúcar”,
“en mi casa solo entran cosas light”,
“Estas galletas son ricas en fibra”
Y ahí es donde empieza el problema.
Muchas veces pensamos que estamos comprando un alimento saludable cuando, en realidad, estamos comprando el mensaje que aparece en la parte delantera del envase.
Siento decirlo tan claro, pero esos mensajes están diseñados para llamar nuestra atención y hacer que el producto parezca más saludable de lo que realmente es.
Cuando el envase vende más que el alimento
Los mensajes que aparecen en la parte delantera del envase están pensados para llamar nuestra atención. Y, siendo sinceros, muchas veces lo consiguen.
Imagina que coges unas galletas porque en el envase pone “ricas en fibra”. Es fácil pensar que son una buena opción simplemente por ese reclamo. Y no serías la única persona que lo piensa.
Pero antes de meterlas en el carro, dales la vuelta y mira la lista de ingredientes. Es posible que descubras que, además de esa fibra, también llevan harinas refinadas, azúcares añadidos, edulcorantes o grasas de baja calidad. En ese momento, el mensaje del frontal deja de ser tan importante.
Si lo que buscas es aumentar el consumo de fibra, probablemente una pieza de fruta, unas verduras o unas legumbres te aporten mucha más fibra junto con vitaminas, minerales y otros nutrientes interesantes. No porque las galletas tengan fibra pasan a ser una buena elección.
El “0%” tampoco cuenta toda la historia
Otra situación muy habitual es pensar que, porque un producto pone “0% azúcares” o “bajo en grasa”, podemos consumirlo con más frecuencia o en mayor cantidad.
De hecho, más de una vez he escuchado en consulta frases como: “Como es 0%, puedo comer el doble”.
Pero un reclamo nutricional no convierte automáticamente un alimento en una opción saludable. En muchos casos simplemente nos está hablando de una característica concreta del producto, no de su calidad nutricional en conjunto.
Por eso, antes de dejarte convencer por un 0%, vuelve a hacer lo mismo que comentábamos antes: dale la vuelta al envase y revisa los ingredientes. En muchas ocasiones descubrirás que estás pagando más por un producto que no aporta ventajas reales frente a otras opciones más sencillas.
No te quedes solo con el frontal
Palabras como “fitness”, “digestive”, “natural”, “ligero” o “rico en fibra” llaman mucho nuestra atención y pueden hacernos pensar que estamos ante un alimento saludable.
Sin embargo, estos mensajes solo destacan una característica concreta del producto. No nos dicen cómo es el alimento en su conjunto.
Por eso es tan importante no quedarnos únicamente con lo que vemos en la parte delantera del envase. Un envase atractivo puede despertar nuestro interés, pero la información realmente útil suele estar en la parte de atrás.
Y entonces, ¿en qué debería fijarme?
Después de todo esto es posible que estés pensando: “Vale, entonces ¿qué miro cuando voy al supermercado?”.
La respuesta es mucho más sencilla de lo que parece.
No necesitas aprenderte una lista interminable de normas ni convertir cada compra en un examen.
Con tener claras tres ideas, ya habrás dado un paso enorme:
- No te quedes solo con el frontal del envase. Los mensajes publicitarios pueden ayudarte a llamar la atención sobre un producto, pero no te cuentan toda la historia.
- Lee la lista de ingredientes. Recuerda que aparecen ordenados de mayor a menor cantidad, por lo que los primeros ingredientes son los que predominan en el alimento.
- Valora el alimento en su conjunto. No tomes una decisión únicamente porque ponga “rico en fibra”, “0% azúcares” o “bajo en grasa”. Pregúntate siempre si, en conjunto, es una buena opción para incluir con frecuencia en tu alimentación.
Comer mejor no consiste…
Comer mejor no consiste en encontrar el producto con el envase más bonito o con el mayor número de mensajes saludables.
Consiste en aprender a mirar un poco más allá del marketing.
La próxima vez que vayas al supermercado, dedica unos segundos a darle la vuelta al envase y leer los ingredientes. No necesitas convertirte en experto en etiquetado ni analizar cada producto al detalle. Con aprender a fijarte en lo realmente importante ya estarás tomando decisiones mucho más informadas.
Y recuerda: cuanto menos tenga que esforzarse un alimento en convencerte de que es saludable, más probable es que realmente lo sea.
Si solo te quedas con una idea …
- No elijas un alimento solo por lo que promete el envase.
- Dale siempre la vuelta al paquete y mira los ingredientes.
- No necesitas ser un experto en etiquetado para hacer una buena compra.
¿Todavía te cuesta elegir qué comprar?
Si sientes que hacer la compra te genera dudas y te gustaría aprender a interpretar etiquetas sin complicarte la vida, en consulta podemos trabajarlo de forma práctica y adaptado a tí.